El regocijo del gran empresario
Eran las cuatro de la tarde,y me regocijaba en la cómoda silla giratoria. Y mientras giraba en ella, pensé en toda la labor que había realizado durante el trabajoso día.
En eso entró Gertrudis por la puerta, con su disfraz de camarera. Disfraz, porque a mi gusto era tan ajustado, que parecía prestado.
- Su café y galletas. ¿Desea algo más?
- Más nada, muchas gracias.
Y me di vuelta a contemplar el cielo que se podía apreciar por la estrecha ventanita.
- Poco a poco el capital de mi gran inversión corporativa me permitirá demoler esta pared y hacer una ventana más grande.
Al ver que ya casi eran las cinco de la tarde, me preparé para abandonar mi sitio de trabajo.
En mis adentros, repetía cálculos financieros, movimientos bancarios, y planificaba negocios. Todo digno de un gran empresario sin mucha experiencia pero con delirios de grandeza.
Y miré el relojito que yacía sobre mi escritorio, faltaban sólo dos minutos para las cinco.
Al lado del reloj, estaba la foto de mis padres, quienes habían forjado mi pasado, permitiéndome alcanzar este punto de gloria y majestuosidad entre las grandes compañías.
Al lado de la foto, un gran taco con anotaciones, ideas, fechas y números.
Al frente del taco, un gran calendario, con la programación del mes completo.
Y frente a todo, mi nombre en una tablilla de madera, exponiéndolo hacia quien visitara la oficina del gran jefe, o sea, yo.
Y llegó la hora número diecisiete del día.
Tomé mis cosas, y antes que pudiera levantarme, miré nuevamente el escritorio, jactándome internamente de cuanto camino había recorrido durante mi vida para llegar a lo que era.
Volteé la vista, y dejé mi maletín sobre la cama. Me saqué los calcetines y como ya llevaba el pijama, me metí bajo las sábanas.
Y llegó la enfermera.
- Bien, Errázuriz. Lo ha hecho bien hoy. Mañana será un gran día – continuaba mientras me daba el medicamento de las cinco –, vendrán a verlo sus familiares justo aquí, a su oficina.
Y abandonando la habitación, disminuyó la luz artificial.
Y cerré los ojos, pensé: y así seguirá creciendo mi industria de ideas. Algún día alguien las tomará y hará un gran libro.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario