jueves, 13 de agosto de 2009

Al final del día

El niño tres surcos bien largos
en la tierra había dibujado
Con rastrillo y pala
el recién iniciado campesino se regocijaba.

-Ya es tarde- y pensó en su cama,
mientras su barriga de hambre tartamudeaba.
Arreglaba su equipo cantando
cuando poco a poco ciego fue quedando
no atendía a lo que acaecía
y desesperado se terminó arrastrando.
Por tropezar con la pala
el confundido niño a los pies de su caballo dió
y del miedo horrendo
este corriendo y cerro abajo desapareció.

Era obscuro a derredor
y el pequeño sus grandes ojos cubrió
rogándole a cuanto santo
su padre alguna vez le mencionó.

El lloraba desconsolado
y de pronto un lamido él sintió
era Talo, su fiel mascota
que a su lado se sentó.

Y cuando al fin de la cobardía prescindió
miró al frente y su padre un abrazo le extendió.
- Hijo mío, ven a mí de una vez
y ya no temas, que el eclipse escondido está otra vez.