lunes, 29 de junio de 2009

Reciprocidad

Y preocupado, bajó por la escalera en pijamas, cautelosamente y empuñando su revólver. Esos ruidos provenientes del salón tenían que ser de un ladrón.. ¡Oh, valiosos jarrones! ¡Y tamaño espejo traído de la India! No… ¡no se llevará nada más que una bala en su intestino! – se dijo.

Y entrando al salón a oscuras, sintió una bala rozar su piel. Cuando reaccionó, devolvió el disparo y sintió un cuerpo cayendo. Tanteando en la oscuridad, fue a dar al espejo, y en vez de apoyarse en él, pasó de largo, cayendo al otro lado.

Todo era oscuridad, y caminó erráticamente entre objetos que le eran familiares.

En eso, sintió pasos a su lado, y rápidamente le disparó a una figura humana moviéndose cerca. Cuando se dio cuenta que había fallado, sintió un dolor agudo en sus entrañas: ahora llevaba una bala en su cuerpo.

Cuando cayó al suelo, alguien tanteaba las paredes de la habitación, y antes de expirar, miró que la figura se caía a través del espejo.

Psicopatología sin adherencia.

Y mientras tomaba el té, Juan refunfuñaba a regañadientes, y dijo:

- ¡No me tomaré este medicamento!

Y tiró la caja lejos.

Y el té salió de la taza, y se bebió a Juan de un sorbo.

La misión a Gmir

Y llegamos finalmente a la superficie de Gmir, la tercera luna de Urkaj, éste a su vez el cuarto planeta del sistema Ornag, que giraba en torno al sol Tmkig.

Al fin descendió la nave de propulsión de hidrogeniones, habilitando la cúpula de sobrevivencia temporal, que nos proveía de oxígeno por algunas horas.

Y habiendo cumplido mi breve misión en la superficie de Gmir, miré al capitán de la escuadra, y le dije:

- ¿Y tanto nombre para instalar una antena de cable a su casa?